GRUPO DE LOS 77
NAIROBI

Declaración a nombre del Grupo de los 77 y China de S.E. Pedro L. Pedroso, Embajador y Representante Permanente de Cuba ante el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos, y Presidente del Grupo de los 77 (Nairobi), ante el segmento de alto nivel de la 7ma. Conferencia de las Partes de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (Nairobi, Kenya, 24 de octubre del 2005)


Sr. Presidente

Tengo el honor de hacer uso de la palabra a nombre del Grupo de los 77 y China.

Sr. Presidente,

Para el Grupo de los 77 y China el examen de la cuestión de las oportunidades económicas en las tierras secas no deja otra opción que encararlo desde una perspectiva global, en tanto que esta agrupación de países representa más de la mitad de la población mundial y una parte significativa del espacio de tierra del planeta.

Asimismo, reconociendo que el año 2006 será un momento importante en la vida de esta Convención, al haber sido designado por la Asamblea General como el Año Internacional de los Desiertos y la Desertificación, nos parece que esta COP resulta una ocasión oportuna para prestar atención a la cuestión fundamental de las oportunidades económicas que ofrecen las tierras secas.

Sr. Presidente,

Antes de comenzar, consideramos que debemos determinar cual es el significado real de la expresión oportunidades económicas. Debemos preguntarnos si ésta es una cuestión que se reduce a la explotación económica de los recursos que existen en las tierras secas, o si debemos hablar de las instituciones, los mecanismos, las políticas y los factores que inciden en la sostenibilidad del desarrollo de las tierras secas.

De hecho, es la opinión del G77 y China, que las oportunidades económicas no son un fin en sí mismo, sino más que todo vías para alcanzar el mejoramiento social de las personas, en particular en los países en desarrollo.

Para el G77, este mejoramiento social está necesariamente vinculado con los niveles de educación, salud, cultura, y el bienestar social de los pueblos. A la interrogante de qué corresponde primero, si la cuestión del movimiento de recursos a través del comercio internacional en la esperanza de que las oportunidades económicas emerjan de manera automática, o si debemos centrarnos prioritariamente en el bienestar social de las personas como elemento fundamental, para nuestro Grupo la solución transita por la necesaria reforma del actual sistema económico internacional.

Sr. Presidente,

Mientras aquí estamos discutiendo la creación de oportunidades económicas en las tierras secas, en algunos países se gastan millones de dólares en subsidios. Conocemos de los cambios trascendentales que tienen lugar en la esfera del comercio internacional, pero estos cambios están llevándonos a una realidad cada vez más depauperante. Por consiguiente, para los países en desarrollo la cuestión sobre las oportunidades económicas no sólo puede ser vista en el sentido de la explotación de los recursos, sino también en relación con la elevación de la calidad de vida de nuestros pueblos.

Para nuestro Grupo, ello significa los derechos y medios prácticos para que las poblaciones de las tierras secas utilicen, de forma sostenible, los recursos disponibles que garanticen el logro de un real desarrollo humano, lo cual implica el acceso a la educación, la salud, la cultura y la garantía de la seguridad alimentaria.

Para la comunidad internacional, la pregunta no puede seguir siendo si hay o no necesidad de cambio. Todos hemos acordado que la transformación de las condiciones de vida de los pobres resulta un imperativo que no se puede soslayar, lo que a su vez ha sido constatado en los principales espacios de deliberaciones internacionales.

No obstante, y a pesar de los consensos adoptados, hay que constatar que la pobreza lejos de disminuir aumenta. El objetivo de reducir a la mitad para el 2015 los niveles de pobreza, hubiera significado una reducción anual en el número de pobres de alrededor de 46 millones de personas. Sin embargo, en el año 2000 el número de pobres en el mundo se incrementó en 28 millones de personas. Asimismo, desde la adopción de las metas de desarrollo del milenio, sólo 2.1 millones de personas han sido liberadas del flagelo del hambre, lejos de los 28 millones que hubiera sido necesario reducir por año para alcanzar la meta acordada. De igual forma, mientras que en el 2003 los países desarrollados invirtieron un total de 68 mil 400 millones de dólares en la ayuda oficial para el desarrollo, los países en desarrollo se vieron obligados a realizar pagos por 436 mil millones de dólares para el pago del servicio de la deuda externa.

Por tanto, Sr. Presidente, está muy claro que la principal cuestión a abordar debe ser la voluntad política y los procesos que impiden alcanzar el mejoramiento de las condiciones de vida de nuestros pueblos.

Los temas de los cuales se ocupa esta Convención ofrecen un marco adicional para examinar estas políticas y procesos, y el impacto que la creación de oportunidades tiene en la implementación de los principales objetivos de la misma.

Por último, Sr. Presidente,

Mientras continuamos en esta lucha por el desarrollo, debemos tener presente que ya no tenemos mucho más tiempo que perder. Si realmente queremos cambiar los destinos de la humanidad, actuemos con mayor sentido de solidaridad y voluntad para cumplir los compromisos contraídos.

Muchas gracias, Sr. Presidente.